Los revolucionarios en activo provenían casi exclusivamente de la intelligentsia. El movimiento se llamó naródnichestvo, o populismo revolucionario. No era un grupo unificado, sino más bien un vasto espectro de células radicales escondidas, cada una con su propio ideario. Las raíces ideológicas de los revolucionarios se originaron en el trabajo, anterior a la reforma emancipadora, del noble Aleksandr Herzen y su síntesis del socialismo europeo y el colectivismo campesino eslavo. Herzen sostenía que la sociedad rusa todavía era preindustrial, y abanderaba una imagen idealizada que consideraba la narod y laobshchina (comuna campesina) como la base del cambio revolucionario. Al tiempo que el país carecía de un proletariado industrial.
Bajo Alejandro III, el servicio policial secreto (Ojrana) actuó muy eficientemente para suprimir tanto los movimientos revolucionarios como los protodemocráticos por todo el país. La Ojrana dispersó la intelligentsia mediante encarcelaciones y exilio. Se tomaron medidas legislativas contra «no rusos» y seguidores de otras religiones que no fueran la ortodoxa. La comunidad judía estuvo particularmente en el punto de mira. Los intelectuales, los «no rusos» y los judíos emigraron para evitar la persecución. Fue este éxodo a Europa Occidental el que puso a los pensadores rusos en contacto con el marxismo. El primer grupo marxista ruso se formaría en 1883, aunque no alcanzaría un tamaño relevante hasta 1898.
En fuerte contraste con el estancamiento social de la décadas de 1880 y 1890, se dieron grandes saltos en el proceso industrializador. Este crecimiento continuaría y se intensificaría en la última década del siglo XIX con la construcción del ferrocarril Transiberiano y las reformas emprendidas por el «sistema Witte». Serguéi Witte, que fue ministro de Finanzas en 1892, hubo de enfrentarse a un constante déficit presupuestario. Pretendió incrementar los ingresos del Estado impulsando la economía y atrayendo a inversores extranjeros. En 1897 fijó el rublo al patrón oro. El crecimiento económico se concentraría en unas pocas regiones, que incluían a Moscú, San Petersburgo, Ucrania y Bakú. Alrededor de la mitad de todo el capital invertido era extranjero; asimismo, los expertos y emprendedores venidos de fuera resultaron vitales.
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